Después del ataque de Vernon en 1741 muchas de las defensas han sido arruinadas y necesitan reparaciones y la isla de Tierrabomba no es una excepción. En 1742 llegan a Cartagena los ingenieros militares Juan Bautista Mac Evan y Antonio […]
Después del ataque de Vernon en 1741 muchas de las defensas han sido arruinadas y necesitan reparaciones y la isla de Tierrabomba no es una excepción. En 1742 llegan a Cartagena los ingenieros militares Juan Bautista Mac Evan y Antonio de Arévalo, agentes emblemáticos de la historia de las fortificaciones de la ciudad.
El coronel Mac Evan protagoniza junto con el gobernador Ignacio Sala, llegado en 1749 y también ingeniero militar, la disputa sobre la estrategia defensiva del paso de Bocachica. El gobernador proponía la construcción de un fuerte simple de una única batería sobre una colina a espaldas de Bocachica para defender la isla de una incursión terrestre, mientras que Mac Evan prefería una ubicación próxima al San Luis y un fuerte de clara vocación marítima. Esta última fue la propuesta que convenció a la Corona en 1752.
Destituido Sala y fallecido Mac Evan fue el capitán Antonio de Arévalo quien el 12 de marzo de 1753 dio comienzo a las obras, añadiendo las modificaciones propuestas por el recién nombrado ingeniero director, Lorenzo de Solis. El nuevo fuerte, denominado de San Fernando en honor al monarca reinante Fernando VI, terminó su primera construcción en 1759.
Tiene forma de herradura hacia el mar y dos grandes baluartes en el frente norte que mira hacia tierra, llamados del Rey y de la Reina. Se dotó al San Fernando de un glacis que terminaba en el vacío de un espléndido foso húmedo de veinte pies de altura sin camino cubierto, nueve bóvedas a prueba de bombas y un hornabeque orientado hacia la campaña.
El Baluarte del Rey, al oeste, mira al mar y es el más completo. Cuenta con trece cañones, aljibe, tendal y garita. El Baluarte de la Reina, algo menor, defiende al castillo de un ataque terrestre gracias a sus ocho cañones, y al igual que el Baluarte del Rey, se completa con una garita y un aljibe.
Debido a la facilidad de un ataque por tierra firme, se ejecutan en 1760 una serie de mejoras ideadas por el ingeniero Arévalo: se terminan las bóvedas, los almacenes, las baterías de Santiago y la de San Juan Francisco Regis y se excava un complejo de galerías, contraminas y fogatas que permitían producir voladuras controladas en caso de ataque terrestre.
A principios del siglo XIX, durante el proceso de liberación de la Corona española, el San Fernando fue el presidio de algunos próceres de la Independencia. La pacificación posterior y los avances armamentísticos, dejaron al fuerte en un estado de abandono.
Después del acondicionamiento llevado a cabo por la Sociedad de Mejoras Públicas, San Fernando de Bocachica se erige majestuoso en la entrada a la bahía. Su ubicación privilegiada y su espléndida construcción, hacen que la visita al fuerte de San Fernando sea una de las fortificaciones imprescindibles de Cartagena.